
Con un cabezazo del Cuti Romero a los 110', la Selección venció a los africanos y se metió entre los 16 mejores de la Copa del Mundo: enfrentará a Egipto en la próxima ronda.
Sufrido. Más sufrido de lo esperado. Por más que ya dos campeones del mundo como España y Uruguay los habían sufrido, Argentina sabía que era mucho más que Cabo Verde. No se trata de subestimar a nadie, sino que la realidad del juego de ambos marcaba que más allá de solidez que habían mostrado, la Scaloneta venía haciendo un Mundial que no imaginaba necesitar 120 minutos para ganarle, ni a un Dibu Martínez sacando un tiro impresionante y un mano a mano en el área chica al final ni a toda la Scaloneta defendiendo.
Todo tan cierto como que los grandes equipos también necesitan ganar cuando juegan mal. Y ahí están los festejos mesurados de un equipo que terminó cansado de una batalla y que el martes ya se le viene otra contra Egipto.
Argentina se encontró con lo que se iba a encontrar. Cabo Verde asumía su rol de invitado, pero no de espectador. Dos líneas (una de 4 y otra de 5) para esperar aunque quizá más adelantadas de lo que esperaba la Selección. Nada de presión y el desafío estaba claro: la fórmula de Scaloni de juntar pases iba a necesitar de la suficiente paciencia para buscar romper el ritmo monótono que adquiere el juego. Y en especial, porque los africanos le bajaban aún más intensidad al juego.
Almada con mucha dinámica siempre era pase, pero luego no intentaba el uno contra uno y todo volvía a empezar. Molina se proyectaba pero no estaba fino y la línea de volantes no veía cómo y la chance de un pelotazo largo cruzado entró en el radar. Uno de De Paul a Molina fue bueno, y casi arman un jugadón con Leo pero había offside.
Mientras, Lautaro era un canto al esfuerzo físico, pero parecía otra vez a contramano. Hasta que el otro Martínez, le dio una asistencia a Messi de las que el 10 parece sólo capaz de dar. Usó la receta del pelotazo largo y cruzado. Lisandro fue preciso, Leo controló y definió como crack.
El gol no desordenó a Cabo Verde como tampoco liberó tensiones en la Selección. La historia del día seguía igual y hasta el Dibu Martínez hacía su mejor atajada en el Mundial tres un remate de Duarte desde afuera. Vozinha y compañía empezaban a animarse más y Argentina no terminaba de conectar. No fluía el juego y Scaloni mandó a entrar en calor a tres jugadores: Julián Alvarez, Palacios y Nico González. El equipo pedía un sacudón y al final se lo terminó dando el rival.
Mientras preparaban la pizarra con los números para las modificaciones, Cabo Verde armó un jugadón por derecha aprovechándose de un mal despeje de Medina y Duarte hizo el gol de su vida para que el clima del Hard Rock de Miami se llenara de tensión.
Argentina se sabía más y buscaba, pero ni con Leo quedando mano a mano podía volver a tener el control del resultado. Otra de Nico González, un centro de Molina que se veía gol y la robaron justo, un tiro libre del 10 que Vozinha descolgó del ángulo. Los minutos pasaban y el gol se hacía esperar y la presión ya estaba al 110% sobre los hombros de la Selección.
Con Paredes plantado de 5 haciéndose dueño de la pelota, el equipo empezó a acelerar como no había hecho en la mayoría del partido. Messi desbordaba por derecha y nada. Nico González ganaba la posición por izquierda, pero no las podía terminar nunca, Julián salía muy afuera y Cabo Verde se agarraba de con uñas y dientes de un empate en el que no había sufrido mucho para sostenerlo.
Incluso la ilusión genuina por creer que el VAR daría un penal (primero la pelota le tocó en la cabeza y la mano estaba en la posición natural producto del salto) parecían complicar aún más. El cierre del partido sufriendo por un tiro libre de Cabo Verde exponía que Argentina no había hecho un buen partido.
El desgaste se notaba. En cada retroceso, los africanos recuperaban sus posiciones dejando claro que ellos físicamente no sufrían. El suplementario había que ganarlo, claramente, con la cabeza. Con recomponer las líneas, con recuperar a Enzo y a Mac Allister, con asumir el control del juego nuevamente. Pero no llegó a tener ese desafío porque en un córner en el arranque, cabezazo en el primer palo, y zurdazo de Lisandro Martínez para lo que sería una tranquilidad pasajera. Muy pasajera.
Porque Cabo Verde se hizo dueño de la pelota. Sí, entre tanto buen pie argento, fueron los africanos que comenzaron a jugar con paciencia de un lado hacia otro. Es cierto, nadie puede practicar sacar semejante derechazo al ángulo como el que metió Lopes Cabral pero sí leer por dónde podía hacer daño y así recostaron el juego sobre la derecha de la defensa de la Scaloneta. Y lo peor es que la vibra tiraba para atrás.
Porque cuando vos tenes a Messi con chance de pegarle al arco desde una posición en la que hizo quinientos mil goles y Vozinha te lo tapa una y otra vez, ¿cómo se hace para cambiar la mano? Y cambió porque Argentina tiene jugadores con la jerarquía del Cuti Romero para plantarse en el área y cabecear como cabeceó.
La noche venía torcida y los 60 mil hinchas argentinos en el estadio no se animaban ni a cantar. Dibu se ponía la pilcha de héroe y sacaba dos imposibles, cada córner de Cabo Verde era un suplicio y la Selección no se pudo relajar ni un segundo. Miami vio lo exigente que es un Mundial. Un mal día te puede mandar de vuelta o cómo la jerarquía de algunas individualidades te devuelve la vida para que tengas tiempo de recuperarte. Y eso necesita Argentina para el próximo martes contra Egipto: parecerse más al que jugó con Austria y Argelia.
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