La despedida de Messi de la Selección.

El adiós de Messi a la Selección Argentina: del amor no correspondido a un matrimonio eterno

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06/10/2026 | 07:16

Eligió la celeste y blanca cuando España lo buscaba, soportó cuestionamientos, derrotas y hasta una renuncia antes de ganar todo. Se va después de más de 20 años, cuando ya no necesita levantar una copa para demostrar cuánto quiere al país.

Lionel Messi tendrá su última función en la Selección Argentina. Será el final de un amor que al principio no fue correspondido, que sobrevivió a derrotas, frustraciones y hasta una ruptura, y que terminó convertido en uno de los matrimonios más fuertes de la historia del fútbol mundial. Tanto es así que resultará difícil asimilar que, cuando termine el amistoso de este martes contra el modesto Benín, nunca más volverá a vestir el 10 en celeste y blanco.

¿Hubo chances de que Messi no jugara en la Selección Argentina? Es cierto que su exilio forzado a Barcelona lo sacó del radar de José Pekerman y su equipo. Hoy, en los tiempos de la hiperconectividad, sería una mala praxis clamorosa. Pero todo era distinto en los primeros años del nuevo milenio. Y esa carencia tecnológica alimenta el mito.

Porque casi todos saben que era vox populi que la categoría 87 de La Masía estaba repleta de cracks y que entre esos pichones de estrellas había un chiquito argentino que gambeteaba a sus rivales a la velocidad de la luz. Fue por eso que en la Real Federación Española de Fútbol buscaban la manera de tentarlo para sumarlo a sus seleccionados juveniles. Sin embargo, había una traba. Su papá, Jorge, sabía que Leo solo pensaba en dos cosas: llegar a la Primera de Barcelona y jugar en la Selección Argentina. Y lo hacía saber a quién lo consultaba.

El mito continúa con el VHS con un puñado de jugadas que grabó Jaume Marcet, periodista de Barça TV, para que Horacio Gaggioli, representante de la Pulga en sus primeros años, se lo acercara a Claudio Vivas, entonces ayudante de Marcelo Bielsa, post debacle en el Mundial de Corea-Japón 2002. Iba tan rápido Messi que el Loco le pidió a su asistente que pusiera el video en velocidad normal. Estaba en velocidad normal.

Ya era 2003 y Vivas le avisó a Hugo Tocalli, a cargo de la Selección Sub-17, que no podía obviar a ese chiquitín endiablado, pero el DT, con el Mundial de Finlandia encima, no quiso romper sueños y decidió no convocarlo. El destino puso a España en las semifinales. Y Argentina, tras ir 2-0 arriba, perdió por 3-2. Después de la eliminación, todavía en el hotel de Helsinki, alguien de la delegación del vencedor le dijo al DT argentino que la historia hubiese sido diferente si hubiera tenido en el equipo a un pibito que jugaba en Barcelona. “¿Messi?”, preguntó. “¡Sí, Messi!”, le respondieron.

Así empezó el plan para seducirlo. Ya corría 2004 y buscaban a Leo Messi. Ahí la historia es más conocida. Omar Souto, un imprescindible en AFA, y su excursión a un locutorio de Monte Grande para conseguir una guía telefónica de Rosario. El llamado a cada uno de los Messi que aparecían para ver si en esa casa vivía un Leonardo —todavía no sabían que se llamaba Lionel— hasta que llegaron al número de la abuela y al rato contactaron a Jorge. “Por fin”, soltó el papá de la criatura. Era sencillo. Solo había que llamarlo.

En la AFA desconocían que Messi se moría por jugar en la Selección Argentina. La prueba está en un video de aquel año, en el que Leo abre su corazón: “Mi meta ahora mismo es pasar rápidamente a la Reserva (Barcelona B). Y otra de mis metas que me gustaría es jugar con la Selección Argentina. Es algo que quiero hace mucho tiempo y todavía no lo consigo”.

—En algún momento Maradona dijo que su sueño era jugar en la Selección y ganar un Mundial, ¿a vos te pasa algo por el estilo?

—A todos nos gustaría, primero, jugar en la Selección y después ganar un Mundial ya sería lo máximo. Me encantaría. Y, bueno, espero que, con el trabajo y la humildad, eso, llegue a eso.

—¿Pudiste alguna vez hablar con Tocalli?

—No.

—¿Tal vez porque no conocían de tu existencia o porque no se presentó la posibilidad?

—Y, no sé (se sonroja). No, creo que me habrá visto. Espero que me haya visto. Nada, creo que no hubo la oportunidad. Y que algún día la tendré y estaré al lado de él.

Así fue como se organizó el famoso amistoso para blindarlo y acabar con los sueños españoles. Allí Julio Grondona estuvo rápido de reflejos. Mandaron la convocatoria por fax a las oficinas de Nou Camp a nombre de Lionel Andrés Mecci Cuccittini. Menos mal que no se pusieron exigentes los catalanes. Así se fraguó el amistoso internacional con una selección Sub-23 de Paraguay y árbitro internacional, Gabriel Brazenas, con planilla FIFA. Fue el 29 de junio de 2004, en día del 18° aniversario de la conquista del Mundial de México 86, en la cancha de Argentinos Juniors, el lugar donde Diego Maradona debutó en Primera. Coincidencias. O no tanto.

Con 17 años recién cumplidos, entró en el segundo tiempo con el número 17 y, después de entregar un par de asistencias, marcó el séptimo del 8-0. Todo está muy bien contado en el documental “Messi: la cinta perdida”, producido por ESPN. Esa fría noche de invierno en La Paternal se inició una leyenda. Y el amor que parecía no ser correspondido tuvo su primer flechazo.

El resto es más sencillo de contar. Messi ya empezaba a convertirse en el mejor futbolista del mundo en Barcelona, pero en la Selección todavía debía rendir examen a pesar de haber sido genio, figura y campeón en el Mundial Sub-20 de Holanda 2005 y medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Que no cantaba el himno, que allá jugaba mejor, que le faltaba carácter, que no sentía la camiseta como Maradona. Había elegido jugar para acá, pero durante años tuvo que demostrar que era suficientemente argentino. Una contradicción que hoy, cuando su nombre seguido por una reverencia baja de las tribunas antes, durante y después de cada partido, parece difícil de explicar.

Tampoco ayudaron las decepciones que se empezaron a acumular. Alemania en 2006, Brasil en la final de la Copa América 2007, otra vez Alemania en 2010, Uruguay en casa en 2011 y, sobre todo, aquella final del Mundial 2014 que se escapó por muy poco. Después llegaron Chile y los penales en las Copas América de 2015 y 2016. En la segunda, Messi falló el suyo. Había perdido cuatro finales con la Selección Mayor y dijo basta. “Se terminó para mí la Selección”. Tenía 29 años y el amor atravesaba su ruptura más profunda.

Duró poco la calentura. Por suerte. Lo mejor estaba por venir. Pero antes hubo un golpazo. Messi volvió cuando tranquilamente podía no hacerlo y, en Quito, hizo los tres goles que clasificaron a la Argentina para el Mundial de Rusia 2018. Allí lo esperaba otra frustración, acaso una de las peores, con un equipo quebrado que se despidió en octavos ante Francia. Tenía 31 años, cuatro Mundiales encima y una colección de derrotas que contrastaba con todo lo que había ganado en Barcelona.

Entonces apareció Lionel Scaloni. Y la historia cambió para siempre. Qatar 2022 fue la coronación de un proceso virtuoso que incluyó dos copas América y una Finalissima. Messi llegó a su quinto Mundial como líder absoluto y, al mismo tiempo, como uno más de un grupo que estaba dispuesto a dejar todo por él. Scaloni había construido un equipo que lo protegía, lo acompañaba y también lo potenciaba. Leo respondió con actuaciones decisivas hasta levantar la copa que había perseguido durante toda su carrera. Ya no quedaban cuentas pendientes. El amor, finalmente, era correspondido.

Y todavía faltaba Canadá, México y Estados Unidos 2026. A los 39 años, una edad en la que la mayoría de los futbolistas ya se retiró, Messi quedó a un paso de otra gloria con un Mundial digno de una leyenda. No hubo bicampeonato, pero su actuación volvió a desafiar el tiempo con el bonus track de una tarde épica ante Inglaterra en las semifinales. Ya no necesitaba ganar para demostrar nada ni una derrota podía modificar su lugar. Quizás esa haya sido la prueba definitiva de cuánto había cambiado la historia: esta vez Messi perdió y la Argentina lo quiso exactamente igual. O más.

Se irá con cuatro títulos en la Mayor -más el Mundial Sub 20 y Beijing 2008- y con récords difíciles de imaginar y todavía más difíciles de alcanzar. Como máximo goleador, como dueño de una cantidad extraordinaria de presencias y como protagonista de seis Mundiales. Los números servirán para dimensionar su carrera, pero no alcanzarán para explicar su legado.

Porque lo esencial ocurrió antes y después de las estadísticas. Messi eligió a la Selección cuando podía elegir otro camino. Volvió cuando estaba cansado de perder y de que cualquiera opinara cualquier cosa. Insistió cuando cada derrota alimentaba una discusión. Y siguió jugando después de ganar aquello que supuestamente necesitaba ganar. Durante buena parte de su carrera, para algunos, tuvo que demostrar cuánto quería a la Argentina. Ya no. Messi deseó a la Selección mucho antes de que la Selección aprendiera a quererlo. El amor, después de más de dos décadas y tanto trajín, ya es eterno. Un matrimonio para siempre. Solo queda decir gracias.

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